Lamentamos el fallecimiento del Ing. Héctor Deambrosi el pasado 2 de junio. Fundador de SEMUR y gran enamorado de la educación matemática, que supo acompañar a muchos colegas que siempre lo recuerdan.
Su nieta María comparte con nosotros estas hermosas palabras.
El olor a tabaco importado y las pipas sobre tu escritorio.
Los baldes de ración escondidos en la tapera.
Tu arroz con leche con pasas de ciruela. Tus hongos al escabeche.
Los 200 pesos por las buenas notas, que ascendía a 500 en el liceo.
Las peleadoras grappas caseras de butia ultra añejadas en el aparador.
Tu pasión por la flora autóctona.
La poesía gauchesca.
Las monturas en los galpones de Santa Lucía.
Los tuppers llenos de pizza y olímpicos de Carreras que sobraban de los cumpleaños. Nuestro mejor souvenir.
Las recorridas árbol por árbol expuestos al sol rajante y a los mosquitos del verano.
Los ronquidos en la Siesta con la puerta del dormitorio abierta.
Los terrones de azúcar y el repelente en la guantera del Jeep.
Hualcama, Pisonay y todos los que vinieron después.
Los emails casi a diario acerca de la evolución de la chacra que, confieso, muchas veces ni siquiera leí.
Los juegos didácticos de matemáticas que fabricabas con prolijidad y esmero.
Tu caligrafía chiquitita.
Las rabietas que nos sacabas con tus chistes malos.
Los alfajores conaprole escondidos bajo el sillón y como usabas los quesitos para la clase particular de “quebrados”.
La bufanda del F.C Liverpool en tu cuello en los meses de invierno.
El imitar del benteveo.
Las idas a la cañada y la llamada a los caballos al corral.
El “tres leches y un pan” de cada mañana para el que alcanzaba con 10, 20 y 30 pesos.
Tu aferrada fe católica y tu rosario que me traje a Alemania.
Todos esos eras tú, Abuelo que al final tampoco eras ninguno.
Tus ganas de enseñarnos a observar la naturaleza.
Mis básicos conocimientos de botánica.
Nuestro último abrazo.
Tu alegrar con la llegada de Julen, motivo de tus últimas sonrisas genuinas. Las sonrisas que llegue a ver y las que me contaron. Una generación Deambrosi que muere contigo, una generación Deambrosi que nace con él.
Qué disparate como pasa el tiempo, Abuelo. Que triste lo que no me devuelve. Y qué injusto lo inminente, que siempre sucede el día menos pensado.
Pintaste mi infancia con los colores del campo.
Imprimiste en la memoria afectiva de generaciones el gesto noble que solo tiene un buen docente. Un buen maestro nunca se olvida y a ti parecen recordarte todos!
Tengo tantas fotos mentales tuyas! tantas otras se nos escurrieron en la distancia. Las revelo hoy en mi cabeza pensando en todo lo que forjaste por nosotros, tus “nietazos”. Hoy me doy más cuenta de quien tu fuiste.
Revivirás en cada hoja de árbol que reconozca, en los números primos, en los ojos de cualquier caballo. En tierras lejanas veré tu nombre al reconocer lo familiar marcando mi sendero.
Hoy tu Reina se queda sin su trono pero tú no sin el tuyo.
Hasta siempre, Abuelo.
Maria.
